El amor obra

Amor

Amar

La invitación de San Agustín es urgente: ama y haz lo que quieras.

Si amas es el amor mismo el que te guía y te salva, porque es inherente a sí mismo la fuerza propulsora que te empujará hacia el bien.

Escritos

El amor obra en el ánimo como el peso en el cuerpo.
Nuestro descanso es nuestro sitio. Allá nos eleva el amor y tu nuevo espíritu sube nuestra bajeza robándosela de la puerta a la muerte. En la buena voluntad está nuestra paz. cada cuerpo, por su peso, tiende al lugar al que pertenece. El fuego tiende hacia arriba: el fuego tiende hacia arriba y la piedra hacia abajo: ambos ocupan su lugar. El aceite dentro del agua flota, el agua sobre el aceite se hunde hasta que ocupa su sitio. Fuera del orden reina el caos, en el orden la quietud. Nuestro peso es el amor, él nos lleva a buen puerto. Nuestron don nos eleva: ardemos y nos movemos. El corazón se eleva por los cánticos de alabanza a Dios. De nuestro fuego, del buen fuego, ardemos y nos movemos, subiendo hacia la paz de Jerusalén. "Qué alegria cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor". Sin buena voluntad nada desearemos, si no permanecemos en lo eterno.

Hay cosas que se aman mal en el mundo y hacen mal a los que la desean. El amor ilícito es un gran contaminante del alma e intoxica al contagiado. Cuando el ánimo se eleva es arrobado por un amor justo y santo, pues de otro modo se colpasa en los abismos de un amor injusto y mundano. Cada cual cae por su propio peso: por el amor propio. Quién ama el bien será llevado hacia lo que ama, ¿Y no será allá, donde esté el bien amado?. Con la perspectiva del Señor Jesucristo como premio-meta, se nos exhorta a amarlo, a cumplir la voluntad del Padre: "Quiero que éstos estén donde esté yo". ¿Deseamos estar donde está Cristo? Amemos a Cristo y el peso del amor nos llevará a encontrarlo. Lo que nos arroba y eleva hacia lo alto no nos permitirá caer. No busquemos ningún otro medio para subir: amando nos elevamos, el amor nos transporta y nos arroba. Nos esforzamos cuando luchamos contra el amor mundano, nos atrae y nos arrastra cuando vencemos: seremos coronados. "¿Quién me dará alas - dice un enamorado - como las de las palomas para volar y descansar?". Buscaba entonces las las, pues aun no las tenía, y por eso lloraba: no gozaba y luchaba por ser elevado.

Ama y haz lo que quieras.
Encontramos a un hombre que agravia sin querer por caridad y otro por injusticia. Un padre educa a su hijo en una academia militar, por ejemplo, pero lo trata con respeto. Si nos ponemos ante estos dos casos preferimos el respeto, ¿quién no prefiere el respeto a la disciplina?. La caridad insiste, la injusticia destierra. Consideremos estas exposiciones: los actos de los hombres no se diferencian si no parten de la caridad: hasta las rosas tienen espinas: algunas cosas nos parecen duras y fuertes pero se hacen por amor, para instruir. Entonces recordemos esta sentencia: "Ama y haz lo que quieras". Si callamos, callemos por amor. Si hablamos, hablemos por amor. Si corregimos hagámoslo por amor: que en la raíz de nuestras acciones esté el amor, puesto que las raices sostienen a las plantas del bien.

Pues debiéndose a todos la misma caridad, no a todos debe ser recetada la misma medicina: la misma caridad en unos engendra pero a otros debilita, lo que a unos edifica a otros destruye, a unos levanta a otros tira. Con uno es tierna, con otros es más severa, pero no es enemigo de nadie sino madre de todos.

Se vive en lo que se ama.
Está donde tenemos el corazón: quien ama el mundo será "mundano": como cuendo decimos que una casa es buena o mala, no queremos decir nada sobre sus paredes sino sobre las personas que la ocupan. Lo mismo decimos para las cosas de este mundo. Los que no aman el mundo, aunque permanezcan en él, viven en el cielo- como dice el apóstol- "Nuestra patria es el cielo".

Todo es nuevo para el que ama.
Si nos molesta decir con frecuencia cosas infantiles y banales, unámonos a los principiantes con amor fraternal, paterno y materno, y unidos a sus corazones, hasta nosotros parecemos hombres nuevos. Tanto puede el sentimiento del ánimo solidario, que cuando se deja influenciar recíprocamente, habitaremos los unos en los otros: ellos dirán lo que escuchan y comprenderemos lo que enseñamos. Es como si, por primera vez, viesen paisajes bellísimos de todas clases, que nosotros ya vimos, pero nos alegramos con su gozo, por lo novedoso. Porque cuanto más amor nos una más nuevos serán a nuestros ojos las cosas antiguas.

Dado que, en el tiempo de los fariseos, el amor al prójimo era interpretado según las tendencias de las distintas doctrinas, entonces como hoy, Jesús ha aclarado el concepto diciendo que el amor al prójimo es similar al prójimo. Es el primero el que ilumina, el que nos relaciona con Dios que es amor, por tanto si no ayudamos a los demás a llegar a Dios, no tenemos ni amor hacia Dios ni hacia el prójimo y no podemos llamarlo amor porque no es un amor verdadero.

Jesús dice a este doctor de la leuque todos los mandamientos tienen como síntesis el amor. No amor como decimos nosotros, sino según Dios.

La preocupación del cristiano no es la de buscar el modo de hacer esto o lo otro, sino el de ser coherentes con el amor. El amor que tiene su partida y raíz en la consagración a Dios, porque hemos aprendido que nuestra vida depende sólo de Él. Entonces toda nuestra vida estará bajo la señal del amor: "Amarás a tu prójimo como a tí mismo".

Te podría interesar