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«Sus vestidos se volvieron blancos como la nieve (Mt 17,2), "como no los puede blanquear batanero alguno en el mundo" (Mc 9,2). Los vestidos de nuestra alma son los miembros de nuestro cuerpo; ellos deben ser càndidos. Dice Salomòn: "En todo tiempo sean càndidos tus vestidos" (Ecl 9,8). ¿De què candor? "Como la nieve", dice el Evangelio. El Señor, por boca de Isaias, promete a los pecadores que se convierten: "Si vuestros pecados fuesen como la escarta, los volverè blancos como la nieve" (Is 1,18).

Observa aquì dos cosas; la escarlata y la nieve. La escarlata es un paño que tiene el color del fuego y de la sangre. La nieve es fria y blanca. En el fuego està representado el ardor del pecado, en la sangre su inmundicia; en la frialdad de la nieve està simbolizada la gracia del Espìritu Santo, en la blancura la pureza de la mente. Dice, por lo tanto, el Señor: Si volvièseis a mì, yo infundirè en vosotros la gracia del Espìritu Santo, que extinguirà el ardor del pecado y lavarà su inmundicia. Él mismo dice, todavìa, por boca de Ezequiel: "Vertiré sobre vosotros agua pura y seréis purificados de todas vuestras impurezas" (Ez 36,25). Por ello los vestidos son metàfora de los miembros de nuestro cuerpo, deben ser blancos como la nieve, a fin de que, la frialdad de la nieve, esto es, la mente, extinga el ardor del pecado, y la pureza de una vida santa limpie toda inmundicia.

Los vestidos, representan también, las virtudes de nuestra alma, que, de ellas revestida, aparece gloriosa a la presencia de Dios. De estos vestidos, cuenta la Biblia, es dicho que Rebeca revistiò a Jacob de vestidos muy hermosos, que tenìa ante él (Gén 27,15). Rebeca, esto es, la sabidurìa de Dios Padre, revistiò a Jacob, podìamos decir el justo, de virtudes, vestidos mucho màs bellos porque son tejidos con la mano y el arte de su Sabidurìa; vestidos que tiene ante él respuestas en el tesoro de su gloria, y los tiene verdaderamente, porque es Señor y patròn de todo y los da a quién, cuando y còmo quiere. Estos vestidos son llamados càndidos por el efecto que producen, porque vuelven al hombre càndido, no digo sòlo como la nieve, sino mucho màs que ella. Y tales vestidos ningùn lavandero, esto es, ningùn predicador sobre la tierra, puede volverlos tan càndidos con el lavado de su predicaciòn.

Tù, oh soberbio, reclama a los ojos de tu mente la corrupciòn de tu cuerpo, la podredumbre y el hedor que enviarà. ¿Dònde estarà, entonces, tu soberbia de corazòn, tu obstentaciòn de las riquezas?. Entonces no seràn mas que palabras al viento, porque la vegija se desinfla a una pequeña punciòn del ego. Esta verdad,meditada en la intimidad, unge la cabeza pustulosa humillada, esto es, la mente orgullosa.
Y tù, oh avaro, acordàos del examen final, donde estarà el Juez indignado, y el verdugo dispuesto a atormentar, seràn los demonios que acusan y la conciencia que remuerde. Entonces tu plata serà vana, el oro se volverà inmundicia; tu oro y tu plata no podràn liberarte del dìa de la ira del Señor (Ez 7,19). Estas verdades,meditadas con atenciòn, consuman y eliminan las verrugas de la superfluidad y las reparten entre los que carecen de lo necesario. Por ello, cuando ayunes, perfuma - te ruego - tu cabeza con este ungüento, para que se beneficie el pobre.
Tù después, oh lujurioso, piensa en la gehenna del fuego inextingible, donde habrà muerte sin muerte, fin sin fin; donde se busca a la muerte pero no se la encuentra; donde los dañados se comeràn la lengua y maldeciràn a su Creador. Leña de aquel fuego seràn las almas de los pecadores y el soplo de la ira los incendiarà. Dice Isaias, "Desde ayer" es decir, desde la eternidad, "està preparado el Tofet", la gehenna de fuego, "profunda y vasta. Fuego y leña abundaràn; el fuego del Señor lo encenderà como torrente de azufre" (Is,30,33). he aquì el ungüento que pica, que penetra, capaz de volver a sanar la màs obstinada lujuria. Como clavo saca clavo, asì estas verdades, meditadas asìduamente, son el modo de reprimir los estìmulos de la lujuria. Tù, entonces, cuando ayunes, ungete la cabeza con este ungüento.

Observa que la escalera tiene dos "brazos" (montantes) y seis pasos, por medio de los cuales es fàcil el ascenso. Esta escalera figura a Cristo jesùs; los dos brazos son la naturaleza divina y aquella humana; los seis pasos son la humildad, la pobreza,la sabidurìa, la misericordia, la paciencia y la obediencia. Fue humilde al asumir nuestra naturaleza, cuando "mirò la humildad de su esclava" (Lc 1,48). Fue pobre desde su nacimiento en el que la Virgen pobrecilla, dando a luz al mismìsimo Hijo de Dios, no tuvo donde arroparlo mas que en una piel de oveje (Lc 2,7). Fue sabio en su predicaciòn, porque "era consecuente con sus enseñanzas" (Hech 1,1). Fue misericordioso en el acogimiento de los pecadores: "No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" (Mt 9,13) a la penitencia. Fue paciente bajo los azotes, las burlas, los esputos; dijo, en efecto, por boca de Isaias: "Ha hecho mi rostro como pedernal" (Is 50,7). La piedra cubierta no reacciona ni se lamenta contra quién la hiere. Asì es Cristo: "Ultrajado no respondìa, y sufriendo no amenaba venganza (1Pe 2,23). Fue despues "obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2,8). Esta escalera estaba apoyada en la tierra, cuando Cristo estaba dedicado a la predicaciòn y hacìa milagros; tocaba el cielo cuando, como nos dice Lucas, pasaba las noches en oraciòn (Lc 6,12), dialogando con el Padre.
Aquì la escalera està enderezada. ¿Porqué no subìs?, ¿porqué continuàis arrastràndoos por tierra con manos y pies? Subid, porque Jacob vio a los àngeles que subìan y bajaban por la escalera. Subid, pues, oh àngeles, oh prelados de la iglesia, oh fieles de Jesucristo. Subid os digo, a contemplar cuàn suave es el Señor (Sal 33,9); bajad a ayudar y acosejad al pròjimo, porque de esto tiene el pròjimo necesidad. ¿Porqué intentàis subir por otro camino, en lugar de hacerlo por la escalera?. Por cualquier otro sitio por el que subàis, os precipitaréis al abismo. "Oh sordos y tardìos de corazòn", no digo "en creer" (Lc 24,25), porque vosotros creéis, también los demonios creen (Sant 2,19), pero sòis duros y de piedra en trabajar. ¿Presumìs de poder subir por otro camino al monte Tabor, al descanso de la luz, a la gloria de las bienaventuranzas celestiales, en lugar de hacerlo por la escalera de la humildad, de la pobreza y de la pasiòn del Señor?. Convencèos de que no es posible. Aquì està la palabra del Señor: "Quièn quiera venir tras de mì, niè;guese a sì mismo, tome su cruzy sìgame" (Mt 16,24).Y en Jeremias leemos: "Tù me llamaràs Padre,y no te alejaràs de mì" (Jer 3,19).

Dice Agustìn: "El médico prueba la medicina amarga, para que no se niegue a beber el enfermo". Y Gregorio: "Bebiendo el càliz amargo se llega al gozo de la curaciòn". "Para salvar la vida, hube de afrontar el hierro y el fuego" (Ovidio). Subid, pues, no temàis, porque el Señor està en la escalera, listo para acoger a los que suban. "Jesùs, en efecto, tomò consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y subiò a un monte altìsimo".

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