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Curaciones obradas por San Juan Bosco


*N. del A. Todas las informaciones relativas a San Juan Bosco han sido extraidas de "Vita di San Giovanni Bosco. Vol l y ll. Autor G.B. Lemoyne. Editorial SEI".
Para hacer más ágil la lectura el lenguaje original del siglo XlX ha sido adaptado.

Un día Don Bosco bendijo a un tullido que se sostenía con las muletas desde hacía 16 años e inmediatamente curó, así tiró las muletas porque ya no las necesitaba. Yo, Don Dalmazio, pregunté a Don Bosco: "¿Cómo es que ha quedado curado tras la bendición?". Me respondió el Santo: "La bendición de María Auxiliadora le ha curado".
Respondí: "También yo he impartido muchas veces la bendición con la misma fórmula y no ocurrió nada". Añadió el Santo: "Es porque no tenéis fe".

Para los enfermos fabricaba unas pastillas de miga de pan, o dosis de ella, conteniendo azúcar o harina de maíz. El tratamiento consistía en tomar éstas durante 3 ó 9 dias combinadas con un determinado número de Avemarias, Salve Reginas, con la obligación de acercarse a los Sacramentos. Con esta receta curaban hasta los enfermos más graves.

Cuenta la señora Carolina Rivolta Guenzati: "Una señora milanesa, sabido que el venerable Don Bosco se encontraba entre nosotros, vino a honrarlo. Antes, incluso, de que la señora hablase, Don Bosco le preguntó: "¿Está Vd. enferma?". Desgraciadamente lo estoy, respondio ella, desde hace un par de meses, he tomado muchas medicinas, he practicado distintas devociones pero no han servido de nada. Entonces Don Bosco le dijo: "Haga una novena a Jesús Sacramentado y rece cinco Padrenuestros, Avemarias y Glorias añadiendo. Don Bosco me ha dicho que Vos me curaréis y yo quiero curar. Luego coma y beba". A la mañana siguiente mi familia se maravilló al encontrar a la señora libre de todas sus molestias que desde hacía tanto tiempo le afligían.

Desde hacía 9 meses yo guardaba cama, atormentado por una osificación cancerosa y, consumido por este mal, me traían, además, agudos dolores. Una parte de la cabeza y la mejilla izquierda estaban también afectados por la enfermedad. Medicinas de toda clase,consultas de médicos expertos: todo fue inútil. Llegó Don Bosco a visitarme y, tras haberle contado mi enfermedad, me dijo que algunos, tras haberse encomendado a María Auxiliadora, habían obtenido la curación. Me sugirió hacer una novena a María Auxiliadora ...
Si obtiene de María la curación-añadió- aportará una ofrenda devota para continuar los trabajos de la iglesia que se está construyendo en Valdocco, con el nombre de Maria Auxiliadora.
En el último día de la novena, el Sacerdote consideró oportuno renovar la visita y me consoló diciendo que pusiese mis esperanzas en María Santísima y, antes de dejarme, tras una breve oración, me dió la bendición, luego añadió que mañana celebraría la Misa por mí.
Al día siguiente, mientras comenzaba la misa, yo estaba rezando con mi familia, y me doy cuenta que estoy mejorando y luego me encuentro perfectamente curado de un mal que, según los médicos, era incurable. Ahora estoy curado y poseo una salud mejor que la que gozaba antes de la enfermedad. Reconozco haber recibido esta gracia de la Madre de Dios, bajo la advocación de María Auxiliadora.
Turín 26 de Marzo de 1866. Morelli Giuseppe, ya alcalde de Turín.

Mientras el senador Antoni Cotta yacía en el lecho a punto de morir, se presentó a él Don Bosco. El enfermo apenas le vió le dijo: En pocos minutos partiré hacia la eternidad. "No", respondió Don Bosco, "la Virgen aun tiene necesidad de Vd. en este mundo. Es necesario que Vd. viva para ayudarme en la construcción de su iglesia. Si curo, prometo pagar durante séis meses dos mil francos para la iglesia de Valdoco". Don Bosco antes de partir había rezado una oración por el enfermo y le había impartido la bendición.
Tras tres dias Antonio Cotta se presenta en el dormitorio de Don Bosco, diciendo: "Estoy aquí. La Virgen me ha curado, nadie se lo esperaba. Mi familia y parientes están estupefactos". Puntualmente pagó las cuotas prometidas y vivió sano y robusto.

En 1866 Don Bosco llega a Verzuolo mientras azotaba el cólera. Durante la homilía dice a los fieles: "La Virgen Santísima no ha sido sólo invocada en las guerras, sino también en las epidemias. Vosotros estáis contagiados del cólera: yo debo compartir con vosotros mi inspiración. Rezaremos juntos la jaculatoria "Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores". Desaparecerá el cólera". Así fue: el cólera cesó y todos quedaron inmunes a la epidemia.

Don Bosco se acerca a la cabecera de un enfermo, una señora que asiste al enfermo le dice: "En su evolución la enfermedad ha tomado varias formas. En un par de meses ha degenerado en hidropesía. ha sido operado un par de veces, pero ya está de nuevo que da pena: los médicos no se atreven a tocarlo, porque dicen que no soportaría la operación".
Don Bosco se dirige al enfermo: "¿Hace mucho tiempo que se encuentra en este estado?". Responde el enfermo: "Desde hace 3 años sufro terriblemente. No puedo hacer el más mínimo movimiento por mí mismo y los médicos no me dan esperanza de curar".
Dijo Don Bosco: "Vera, señor, tengo necesidad de tres mil francos".
"Bien, si obtiene un poco de alivio a mis males, intentaré compiacerle".
Don Bosco reunió en el cuarto a todas las personas de la casa, incluidas las del servicio, y les invitó a rezar oraciones especiales a Jesús Sacramentado y a María Santísima ...
Acabado de rezar, Don Bosco impartió la bendición al enfermo. En pocos minutos el paciente se viste, pasea por la estancia, se prepara, baja las escaleras, sale en calesa al Banco y consigna a Don Bosco los tres mil francos prometidos, diciendo: "Estoy completamente curado".

Dolores de cabeza que pasan, fiebres que desaparecen, llagas y úlceras que curan, reumatismos y convulsiones que cesan, curaciones instantáneas en ojos, dientes y riñones: éstos son los medios utilizados por la divina Misericordia para suministrar a Don bosco el dinero necesario para terminar la iglesia en construcción dedicada a "María Auxiliadora de los cristianos".

Paolo, hijo del Conde Eugenio, tenía el rostro y el cuello deformados por una hinchazón excesiva. Don Bosco le bendice. LLegada la noche, el médico nota una ligera mejoría y decide aplicar un corte que en los dias anteriores no había podido practicar. Desde aquel momento la hinchazón empieza a desaparecer y se consiguió la total curación.

Las dos hijas de la Condesa Calderari eran totalmente mudas. La condesa expresó todo su dolor a Don Bosco, el cual, le aseguró que si hubiese contribuido a la construcción de la Iglesia de María Auxiliadora, la Virgen la habría consolado. "Pero vea que no hablan", dijo con tono desgarrador la condesa, señalando a las niñas. "Hablarán", repitió Don Bosco. Y así fue.

La Princesa Orsini, aunque casada dese los 18 años no podía tener hijos, por eso se dirigió al Santo, que le respondió: "Vd. quiere tener un varón, pero el Señor quiere concederle una hembra. Necesita resignarse y conformarse con una niña. Ella será su consuelo". Así fue. Tuvo una hija sana y virtuosa, a la que se le impuso el nombre de María.

Un príncipe napolitano, que sufría vértigos diarios,con una única bendición de Don Bosco quedó curado.

Don Bosco se presenta en la cabecera de una mujer qye yace en el lecho desde hace mucho tiempo por cáncer. La exhorta a confiar en María Auxiliadora, la bendice y le manda levantarse al día siguiente, que era Domingo,salir de casa para oír Misa y hacer una ofrenda a María Auxiliadora. Apenas Don Boso salió de la estancia, la enferma se siente totalmente libre de su mal. Toca la campanilla, acude toda la familia y ella anunciaestar curada.

El Dr. Tancioni célebre profesor de medicina y cirugía en la Universidad Romana, por una grave enfermedad se encuentra en el final de su vida. perdida toda esperanza en los medios humanos, los amigos le animan a hacer una novena a María Auxiliadora con la promesa de ofrecer un don a la iglesia de Valdocco en caso de curación. De la promesa a la curación transcurre media novena.

Cuenta un señor procedente de Faenza: Mi niño estaba enfermo desde los cuatro años y no tenía ninguna esperanza de vida. Un amigo me aconsejó hacer una novena a María Auxiliadora con la promesa de hacer una ofrenda para esta iglesia. Lo prometí todo y añadí el voto de llegarme a Turín para hacer mi ofrenda si obtenía la gracia. Dios me escuchó. A mitad de la novena mi hijo estaba fuera de peligro y goza de buena salud. Ya he cumplido con mi obligación y bendeciré siempre a la Madre de las Misericordias: María Auxiliadora.

Narra Teresa Gambone: Mi hija safría un mal en los ojos desde los cuatro años. Los médicos decían que era ciega. Don Bosco la bendijo y luego le dijo que rezase algunas oraciones a María Auxiliadora. Ya está perfectamente curada.

Llevada en una carreta llega una paralítica. El conductor grita a la muchedumbre para que se aparte y así acercarse a Don Bosco, pero no puede seguir adelante. la enferma, que no podía moverse desde hacía tiempo, salta de la carreta y, abriendose camino, corre hacia el Santo: sólo cuando está a su lado se da cuenta de que está curada.

Mi hijo había perdido la vista, los médicos no sabían qué hacer y yo hice la novena a María Auxiliadora, con la promesa de hacer mis devociones en esta iglesia, y aquí estoy porque mi hijo está perfectamente curado.

Mi hijo, con problemmas desde años por una horrible gangrena en una mano, ha curado completamente. Los médicos daban pocas esperanzas de salvarlo, incluso con la amputación del brazo. Fue bendecido por Don Bosco, fue hecha una novena a María Auxiliadora y ya está curado. Incluso permanecen las horrendas cicatrices que testifican la gravedad del mal: está completamente sano.

Don Rua enferma de una gravísima peritonitis. El mal lo empeora hasta el límite, y, sintiéndose desahuciado, pide la Extremaunción. Don Bosco le dice: "Querido Don Rua, no quiero que tú mueras. Has de ayudarme aun en muchas cosas". Luego lo bendice. El enfermo comienza de inmediato a mejorar y, algumos dias después, contra todo pronóstico, está fuera de peligro.

En un dormitorio yacen siete alumnos afectados de viruela. Don Bosco les dice: "¿Tenéis confianza en la Virgen?". Todos respondieron que sí. Reza junto a los muchachos un Avemaria y después los bendice. De inmediato han curado, incluso las pústulas han desaparecido.

Pietro Marchino, un joven del Oratorio, cogió una fiebre muy alta. Se metió en la cama y por la tarde el médico le recetó un calmante; cedió un poco el mal pero retornó su fuerza. El día de la Ascensión, el pobrecito, viendo que no mejoraba, saltó de la cama, se vistió y salió por la enferrmería, fue a la sacristía, donde Don Bosco se estaba revistiendo para celebrar misa. Dijo al joven: "Arrodíllate", lo bendijo y al instante el joven se sintió libre de un gran peso en su pecho y la fiebre desapareció.

Giuseppina Longhi, una pequeña paralítica de diez años, sufría terribles convulsiones y no podía tenerse en pie. Habia perdido el uso de la mano derecha y, desde alrededor de un mes, el habla. A pesar de las curas, la niña empeoraba progresivamente, junto a sus facultades mentales.
La madre la llevó a Don Bosco para que la bendijese y, cuando estuvo ante el Santo, contó el doloroso caso e imploró su bendición.
Don Bosco la exhortó a tener fe, hizo arrodillarse a la madre, impartió a la pequeña enferma la bendición de María Auxiliadora y la invitó a hacer la señal de la cruz ...
La niña comenzó a hablar y a gritar: Mamá la Virgen me ha curado. Al oír aquella voz, la madre lanzó un fortísimo grito y rompió a llorar. "Ya que la Virgen te ha curado"- añadió Don Bosco - "agradéceselo y reza de corazón el Avemaria". Don Bosco la invitó a pasear por la invitación y ella caminó perfectamente. La curación era total.

Un Salesiano del Oratorio corre hasta Don Bosco para decile que su madre está moribunda. El Santo le respondió: "Quédate tranquilo, que tu madre no muere, sino que vivirá un par de años más. Mañana temprano, antes de ir a casa, pasarás por la sacristía, a las siete y media, y yo te daré la bendición para tu madre". Temprano le dio la bendición y le dijo: "Se la mando a tu madre y tú, llegado a casa,la encontrarás perfectamente curada". Así fue.

Un pobre niño que no podía caminar, ni tenerse en pie, fue llevado en una carreta hasta el Santo. Don Bosco le impartió la bendición de María Auxiliadora, añadiendo: "Ahora camina". El niño le miró estupefacto, sin moverse. él repitió: "Camina". El niño se levantó y se puso a caminar, instantáneamente curadoo. Los padres del niño, maravillados, lo acompañaron a casa, proclamando la fama de la curación obtenida.

Mientras Don Bosco se encuentra en Marsella, escribe Mons. Calogero: Prodigiosas curaciones se van obrando por sus plegarias. Alguien envió a buscar a los médicos, para obtener la suspirada curación, manda novenas, tríduos en las iglesias, pero nada. Entra Don Bosco en sus casas, bendice al enfermo y el pobre paciente se levanta de la cama perfectamente curado. Yo estaba presente cuando curó a una joven de catorde años de paráalisis cerebral de nacimiento.

La señora Pener estaba enferma de un cáncer incurable. Le dijo Don Bosco: "Al mediodia levántate y vé a comer". Y mientras Don Bosco salía, la enferma exclamó: "Pero yo no tengo ningún mal. Estoy curada. Quiero levantarme. Dadme los vestidos". En efecto, estaba curada.



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