La oración es un acto de amor

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Monasterio Invisible
de Caridad y Hermandad


 
 
 Monasterio Invisible de Caridad y Hermandad

En la época actual falsos evangelistas predican el Evangelio con palabras humanas que tienen como fin disminuir la importancia de la oración. Como consecuencia, muchos, aun cuando se consideran buenos cristianos, han abandonado esta estupenda práctica, sustituyéndola con un pequeño pensamiento dirigido a Dios, máximo con un Padre Nuestro y nada más. Una palabra enérgica podría hacerlos regresar a Dios, pero los falsos profetas aseguran que así está bien, porque es ya un trabajo rezar, la familia es más que rezar. Palabras que implícitamente dicen: Dios puede esperar.

Así nos encontramos viviendo sin auxilio de la oración y con la conciencia entorpecida: y, aun cuando nos queda el encuentro dominical con el Señor, no es suficiente para combatir los múltiples ataques que llegan de esta sociedad.

El hecho es que, sin la oración, llegan a faltar de improviso tanto la vigilancia como la determinación que consienten los compromisos con la conciencia y es cuando se detiene el camino que conduce a Dios.

Se entra gradualmente en una fase espiritual muy peligrosa donde no se puede quedar mucho tiempo, porque de otra forma, la premura con la que vivimos nos puede arrollar y llevarnos a otro lado.

Otro peligro es no darse cuenta del cambio sufrido y persistir con el pensamiento en ese estado y creer que seguimos siendo buenos cristianos. Una analogía se puede hacer con un hombre que ha perdido su hogar y se considera todavía un hombre rico. En efecto, volvernos conscientes de la nueva realidad detendría el derroche de los tesoros espirituales que hemos alcanzado e impedirnos tocar fondo.

La oración para el alma es, entonces, un elemento muy importante comparable a la llama que alimenta el fuego y, como no puede existir un incendio sin llama que lo alimente, así mismo no puede subsistir el amor a Dios sin oración.

La oración no es una fórmula mágica para recitar en algún estado de necesidad: miedo, enfermedad, tormento y, que, una vez resuelto el problema, nos olvidemos de Dios. Así, sólo seríamos malvados.

Muchos han olvidado qué es la oración y qué beneficios conlleva: ¿se puede separar del amor humano la palabra? Sin palabra no se puede dar a conocer al amado las emociones, ni compartir las alegrías, las penas que transfiere por este medio el sentimiento. No es ciertamente el único modo; hay otros, tales como la expresión del rostro, la sonrisa, el corazón que palpita; pero la palabra es determinante.

Si la palabra es importante para expresar el amor humano, más aún es la oración que lleva al amor y nos une a Dios. En ella está el aliento de Su Amor y, más aún, el modo para compartir con Dios quienes así lo desean. No existe otro modo para comunicarnos con Él, aunque otros afirmen: "Dios lo ve todo y es inútil decirle aquello que ya sabe".

En el amor humano nosotros expresamos a la persona amada nuestros sentimientos aunque ya los conozca, porque la unión requiere compartir ese amor. De resto, es natural recurrir a la persona amada en las necesidades, y el mismo Jesús nos dice a través de los Evangelios esa manera. Lo encontramos orando antes de cada acontecimiento importante, como en el huerto de los olivos cuando, con miedo y angustia, suplica al Padre. También les dice a los Apóstoles: "Velad y rogad para no entrar en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil", Mc. 14, 38) En otro lugar: "Velad, pues, y orad en todo momento para que tengáis la fuerza de huir de todo lo que tiene que ocurrir..." (Lc. 21, 36). Asegura: "y todo lo que pidiereis con fe en la oración, lo conseguiréis", (Mt. 21, 22).

La oración es, pues, un arma poderosa para utilizar contra las debilidades y los afanes de la vida y es necesaria para obtener de Dios, la comunicación con Él, la salvación y los medios necesarios para que el alma alcance las virtudes. Es por esto que quien reza, obtiene; mientras que quien no reza, se pierde.

El soberbio que confía sólo en su fuerza sin conocer el poder de la oración, deja de pedir y cae; mientras que el humilde, aun probado por las tentaciones, resiste.

Sí, la oración es un suspiro de amor, es un medio de sostén y de salvación, es una expresión de gratitud y de alabanza para un Dios tan bueno.

¡Aleluya! Amo al Señor porque escucha el grito de mi oración (Sal 115, 1); que sea esta nuestra certeza y podremos encontrar en la oración un sólido refugio y el amor de Dios.

Del volumen de nuestra saga "Para volar en el cielo de Dios".

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