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Diario de María Faustina Kowalska, cuaderno I°
Poco tiempo después me enfermé. La querida madre superiora me mandó con otras monjas, a pasar las vacaciones en Skolimov, fuera de Varsovia.
En aquel tiempo le pregunté al Señor Jesús ¿Por quién tengo que rezar todavía? Jesús me respondió que la noche siguiente me haría saber para quien tenía que rezar.
Vi al Ángel de la Guarda que me ordenó que fuera detrás deél. En un momento me encontré en un lugar nebuloso, invadido por el fuego, y en el una muchedumbre enorme de almas enfermas.
Estas almas rezan con gran devoción, pero sin eficacia para sí mismas: tan solo nosotros las podemos ayudar. Las llamas que las quemaban no me tocaban.
Mi Ángel de la Guarda no me abandonó ni un solo instante. Pregunté a aquellas almas cuál era su mayor tormento y unánimemente me respondieron que su mayor tormento era el deseo ardiente de Dios.
Vislumbré a la Virgen que visitaba a las almas del purgatorio. Las almas la llaman María "Estrella del Mar", ella les lleva alivio.
Habría querido hablar con ellos por un tiempo más largo, pero mi Ángel de la Guarda me hizo señal de salir. Y salimos por la puerta de aquella prisión de dolor.
Escuché una voz en mi interior que me dijo:
"Mi Misericordia no quiere esto, pero lo exige la justicia."
Desde entonces estoy en más estrecha relación con las almas que sufren en el purgatorio.
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