Purgatorio

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Diario

O amor eterno, ordenes de pintar Tu santa imagen y nos revela la fuente inconcebible de la Misericordia. Tú bendices quien acerca a Tus radios, y a la alma negra concedes el candor de la nieve.

O dulce Jesús, has erigido aquí el trono de Tu Misericordia, para ayudar los pecadores y devolver a ellos el gozo.

Diario de María Faustina Kowalska, cuaderno I°

De Tu Corazón desgarrado, como de limpido fuente, brota el consuelo para las almas y los corazones contritos. Prorrumpe sin descanso del corazón de los hombres el honor y la gloria para esta imagen. Cada corazón aclama a la Divina Misericordia en cada momento y en los siglos de los siglos.

¿Dios mío si miro hacia el futuro, me invierte el miedo, pero porque adentrarse en el futuro? Me está caro tan solo la hora presente, porque el futuro tal vez no albergará en la mía alma. El tiempo pasado no está en mi poder Para cambiar, corregir u añadir algo.

Ni los sabios, ni los profetas han podido hacer éste. Confiamos por tanto a Dios lo que pertenece al pasado. O momento presente, tú me perteneces completamente. Deseo utilizarte por cuanto está en mi poder, y a pesar yo sea pequeño y débil, me das la gracia de tu omnipotencia. Por tanto, confiando en Tu Misericordia, avanzo en la vida a un niño, y cada día te ofrezco mi corazón inflamado de amor por Tu mayor gloria.

Poco tiempo después me enfermé. La querida madre superiora me mandó con otras monjas, a pasar las vacaciones en Skolimov, fuera de Varsovia.

En aquel tiempo le pregunté al Señor Jesús ¿Por quién tengo que rezar todavía? Jesús me respondió que la noche siguiente me haría saber para quien tenía que rezar.

Vi al Ángel de la Guarda que me ordenó que fuera detrás deél. En un momento me encontré en un lugar nebuloso, invadido por el fuego, y en el una muchedumbre enorme de almas enfermas.

Estas almas rezan con gran devoción, pero sin eficacia para sí mismas: tan solo nosotros las podemos ayudar. Las llamas que las quemaban no me tocaban.

Mi Ángel de la Guarda no me abandonó ni un solo instante. Pregunté a aquellas almas cuál era su mayor tormento y unánimemente me respondieron que su mayor tormento era el deseo ardiente de Dios.

Vislumbré a la Virgen que visitaba a las almas del purgatorio. Las almas la llaman María "Estrella del Mar", ella les lleva alivio.

Habría querido hablar con ellos por un tiempo más largo, pero mi Ángel de la Guarda me hizo señal de salir. Y salimos por la puerta de aquella prisión de dolor.

Escuché una voz en mi interior que me dijo:

"Mi Misericordia no quiere esto, pero lo exige la justicia.".

Desde entonces estoy en más estrecha relación con las almas que sufren en el purgatorio.

... Jesús me preguntó: "¿quién eres tú?". Contesté: "Yo soy una tuya sirva, Señor". " Tienes que expiar un día de fuego en el purgatorio". Me hubiera gustado echarme enseguida entre las llamas del purgatorio, pero Jesús me retuvo y dijo: "Qué prefieres: ¿sufrir ahora por un día o bien por un breve tiempo sobre la tierra?".

Le dije: "Jesús, quiere sufrir en purgatorio y quiero sufrir sobre la tierra entre los más grandes tormentos hasta al final del mundo".
Jesús me dijo: "Es suficiente una cosa sola. Bajarás a tierra y sufrirás mucho, pero no por mucho tiempo y ejecutarás Mi voluntad y Mis deseos y un Mi sirvo fiel te ayudará a ejecutarla.

Ahora pose el jefe sobre Mi pecho, sobre Mi Corazón y le sacas en ello fuerza y vigor por todos los sufrimientos, en otro lugar no encontrarás alivio ni ayuda, ni consuelo. Tienes que saber que tendrás mucho, mucho que sufrir, pero este no te tiene que asustar. Yo estoy contigo". Poco después me enfermé.

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