Purgatorio

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Las glorias de María 1

María socorre a sus devotos que se hallan en el Purgatorio

Los devotos de la piadosa Madre son muy felices, ya que no solamente Ella nos ayuda cuando estamos en vida, sino que también somos asistidos y consolados por su protección en el Purgatorio.

Pasajes extraídos de "Las glorias de María"

En aquel lugar las almas no pueden ayudarse por sí mismas, y están necesitadas de alivio, porque están muy atormentadas. Por esto, la Madre de Misericordia se empeña en socorrerlas mucho más que cuando estaban en la tierra.

La Madre Divina dijo a Santa Brígida: «Soy la Madre de todas las almas que se hallan en el Purgatorio e intervengo continuamente con Mis oraciones para mitigar las penas que se merecen por las culpas que cometieron durante su vida». A veces la piadosa Madre no rechaza la idea de entrar en aquella santa prisión para visitar y consolar a sus hijos afligidos. En los refranes está escrito: «yo he paseado en las profundidades de los abismos». San Buenaventura atribuye este pensamiento a María y expresa: «he penetrado en el fondo de aquel abismo, o sea del Purgatorio, para elevar con mi presencia a las santas almas». Dice San Vicente Ferrer: "La Virgen es muy cortés y benévola hacia aquellos que sufren en el purgatorio, ya que interviene continuamente favoreciendo a las almas y dandoles alivio".

Un día Santa Brígida escucho a Jesús decirle a su Madre: «Tú eres Mi Madre, eres la Madre de Misericordia, eres el consuelo de todos los que se hallan en el Purgatorio». La bendita Virgen dijo a Santo Brígida que igual que a un pobre enfermo, abandonado y afligido, unas palabras de consuelo le hacen sentir revivir, así las almas se consuelan también con sólo escuchar el nombre de la Virgen.

María no sólo consuela y ayuda a sus devotos del Purgatorio sino que por su intercesión les concede la libertad. Lo escribió Gersone y lo confirma el Novarino diciendo: "al haber leído en las obras de autores importantes que María en el momento de su gloriosa asunción pidió a su Hijo la gracia de poder llevar consigo todas las almas que en ese momento se hallaran en el Purgatorio". San Bernardino de Siena afirma, con absoluta certeza, que la Bendita Virgen tiene la facultad de interceder, mediante la oración y aplicando también sus méritos para liberar a las almas del Purgatorio y particularmente a sus devotos.

Cuenta San Pedro Damián que una mujer de nombre Marzia, muerta hace ya un tiempo, se le apareció a amiga suya y le dijo que el día de la Asunción de María fue liberada del Purgatorio por medio de la Reina del Cielo junto con otras muchas almas. Lo mismo sostiene San Dionisio Cartesiano que ocurre en las festividades del Nacimiento y la Resurrección de Jesúcristo. El Santo afirma que dichos días María baja al Purgatorio acompañada por filas de ángeles, y libera a muchas almas de sus penas. Novarino sostiene que esto sucede en cualquier fiesta solemne de la Santa Virgen.

Es conocida la promesa de María al Papa Juan XXII. En una aparición le ordenó hacer saber a todos aquellos que hubieran llevado el sagrado Escapulario del Carmen, que iban a ser liberados del Purgatorio el sábado después de su muerte. Cuenta el padre Crasset que el Pontífice lo declaró, y luego fue confirmado por Alejandro V, Clemente VII, Pio V, Gregorio XIII y Pablo V.

La Bendita Virgen le encargó al monje Abbondo llevar un mensaje de parte de ella al Beato Godofredo para que progresara en las virtudes «así pertenecerá a Mi Hijo y a Mí». Cuando su alma abandonara el cuerpo, no permitiría que fuera al Purgatorio, sino que «la tomaré y la ofreceré a Jesús». Si deseamos ayudar a las Santas Almas del Purgatorio, siempre debemos rezar a la Santa Virgen por ellas, y en particular rezar el santo Rosario que aporta a las almas un gran alivio.

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