Paraíso

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El camino que estamos por emprender es emocionante porque nos llevará a descubrir gratamente la verdad que disipa las dudas que tal vez guardamos en nuestro corazón. Buscaremos responder a las preguntas: ¿existe el Paraiso? ¿Cómo es posible ir? ¿Existe un tribunal de Dios y su Juicio último? ¿Algunos Santos y Místicos tuvieron visión del Paraiso?

Notas introductorias

Toda persona busca completar y superar los propios límites en abrirse a la realidad que le hace capaz de elevarlo a la pureza de la alegría y del amor. La razón puede participar en este movimiento ascendente, sólo si se deja aferrar por la tensión hacia el Absoluto. Del resto, en cada uno de nosotros existe la nostalgia del Paraiso perdido que alimenta la tensión que se hace esperanza. El rostro nacido del Amor envía sus señales también a través de la belleza de la creación y la presencia de Dios, hay que reconocerlo, es el fundamento de nuestra existencia. El flujo de energia que de Él emana puede ser colmado por Su Palabra.

A menudo el hombre niega la trascendencia de Dios para afirmar la propia inmanencia, así se integra en la caverna de la mentira y se incapacita no sólo para conocer la verdad, sino, además, que busca sólo en sí mismo alcanzando la cima del mal.
Pues bien, negar la existencia de Dios induce inevitablemente a pensar en la nada, la nada pensada como vacio total. Un espacio negro y vano puesto dentro de nuestra fantasia, que es también algo bien organizado. La verdadera nada, en efecto, es otra cosa distinta: es ausencia de todo, incluso del pensamiento.
La razón tiene límites concretos, pues no puede salir de sí misma para entrar en la nada porque no ha sido creada para pensar en la nada, sino en lo que existe. Lo mismo nuestra mirada no se detiene a observar la nada que está tras y frente a los instantes que estamos por vivir, pero se atreve a convertir más allá del tiempo que consume. Lo que nos inquieta nos es dado por la pregunta existencial sobre la inmortalidad del alma, pero: ¿qué será de nosotros tras la muerte?.

Entender cómo se juega nuestra existencia es insuficiente. Es más importante preguntarse el porqué. Un interrogante al que la ciencia no puede responder porque trasciende y sobrepasa la misma materia con que está estructurado el universo.
La razón reconoce qué infinitas realidades la sobrepasan, pero los cuerpos, el firmamento, la Tierra, no vale como el más pequeño de los intelectos, pues por todos estos cuerpos no es posible sacar ni un solo pensamiento. En esto consiste nuestra dignidad intelectual.

El sentido del mundo como de las cosas está en nosotros, en la mirada que contempla, en el corazón que ama, en coger las notas de belleza, en el soplo del viento, en el canto de los pájaros, en la in mensidad del mar, el vuelo del águila, el brillo de las estrellas. Dios se manifiesta de modo tan imperioso que bajamos la vista y a veces nos volvemos ciegos.
La presencia de Dios es verdaderamente indispensable para responder a los porqués del dolor, la muerte, el bien, el mal: el verdadero significado de la existencia. Y la respuesta que Dios da está grabada en la libertad del hombre. Mejor dicho: en su libre albedrio.

Esperar en una existencia permanente más allá de la muerte y para la eternidad es el don ofrecido por una Palabra que nos dice:"Tú no morirás". Êl es más fuerte que la muerte, pues la ha combatido y vencido.

Aceptar la Palabra del Maestro divino es una elección lógica que abre las puertas a la fe en Jesús, a través de la fe, nos lleva consigo al cielo de Dios. Allá nos hará gustar la alegría embriagadora de volar en la verdad sin sombras ni inseguridades. Palabras impresas en el Evangelio y llegadas hasta nosotros para desvelarnos una realidad última, en la que puede ser un gozo eterno en el Paraiso, expiación temporal en el Purgatorio o condena eterna en el Infierno. Y quién podrá revelarlo es Él, que es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin de todas las cosas visibles e invisibles que se pierden en lo Eterno. Nosotros lo elegimos a través del comportamiento moral donde ponemos nuestra futura morada.

"Los que duermen en la región del polvo resucitarán. Unos para la vida eterna, otros para la infamia perpetua. Los sabios resplandecerán como el esplendor del firmamento; los que hayan enseñado a muchos la justicia resplandecerán como las estrellas, para siempre". (Dan 12, 2-3).

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