Infierno

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TREMENDA VERDAD

Jesús habla repetidamente del fuego inextinguible que es reservado a quienes hasta el final de la vida rechazan creer y convertirse, donde perece el alma y el cuerpo. Jesús anuncia con severas palabras que: "Enviará a sus Ángeles, quienes... recogerán a todos los operadores de iniquidad y los arrojaran al horno ardiente" (Mt 13, 41-42) y pronunciará la condena... "¡Vayan, lejos de mí, malditos, al fuego eterno!" (Mt 25, 41) - Catequismo n. 1034

Quien es destinado al infierno permanece ahí por toda la eternidad; de aquel lugar no es posible salir. Al fuego eterno son condenados todos los que generaron escándalos e iniquidad. En aquel lugar oscuro, lleno de horrores, sufrimientos y vergüenza, se levantan gritos horrendos, allí hay rechinar de dientes; pero el tormento más indescriptible es la ausencia de Dios. Los malditos están sumergidos en este horror por toda la eternidad donde el tiempo de milenios no es nada, donde todo se retoma siempre en el eterno presente.

Lamentar no haber hecho un bien, aunado al recuerdo de las culpas cometidas, será un tormento infinito. Quedará también el inmenso disgusto de haber adorado los ídolos de la tierra que hipócritamente han allanado el camino a la lujuria y a saciar los siete apetitos de la carne. Ahora, en esas tinieblas y tormentos, ¿donde estarán los gozos y satisfacciones pasadas?
Tú has pisado la ley de Dios y la moral, ahora tu dueño es el odio; te atormentas y te enfadas en el recuerdo de un amor perdido para siempre, y aquello que significó traición para tu Señor estará delante de tu alma por toda la eternidad.

La realidad objetiva del infierno escapa a nuestras mentes, no hay nada similar en la tierra. Se pueden sumar todos los sufrimientos provocados por llamas candentes, por el hielo, el hambre, el ardor de toda clase de laceraciones, de los sufrimientos de la agonía, pero todas estas tribulaciones no son nada si se comparan con el horrible sufrimiento de aquel lugar.

¿Por qué te quedas apático y no quieres creer en esta terrible verdad? Ahora no te preocupas por recorrer el camino de la virtud para obtener el Paraíso, después reconocerás tu culpable miopía, cuando seas arrojado de aquel maravilloso lugar lleno de alegría que es el Paraíso. Entonces, se abrirán los ojos espiruales de la ceguera inmensa y será tu desesperación.

Estás todavía a tiempo para cambiar tu vida, no esperes el último momento en el cual ya no podrás hacer nada.
No te ilusiones pensando que el Señor al final perdonará fácilmente todas tus culpas, puede ser que Su justicia te condene y te arroje a aquel abismo horrible de desesperación de donde no podrás salir jamás.

Conviértete y empieza a rezar a Jesús para que tenga piedad de ti. Escucha la profundidad de tu alma y pregúntale si está dispuesta a sufrir para toda la eternidad. Es preferible, y preparte para huir de todas las ocasiones que inducen al pecado. Todavía te es posible invocar el nombre de Jesús, Él te dará la fuerza y no quedarás decepcionado.


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