Oración a San José

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ORACIÓN A SAN JOSÉ (DEL PAPA LEÓN XXIII)

A ti, bienaventurado José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa,
solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que, con su sangre, adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.
Protege, oh providentísimo Custodio de la Divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio para que a ejemplo tuyo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.


AL AMPARO DEL MANTO SAGRADO

Oh glorioso Patriarca San José, que por Dios fuiste puesto a la cabeza y custodia de la más Santa de las familias, dígnate ser desde el cielo el custodio de mi alma, que pide ser recibida bajo tu manto.
Yo, desde este momento, te designo padre, protector y guía, y pongo bajo tu especial custodia el alma mía, mi cuerpo, lo que tengo y lo que soy, mi vida y mi muerte.
Mírame como tu hijo, defiéndeme de todos mis enemigos visibles e invisibles; asísteme en todas las necesidades: consuélame en todas las amarguras de mi vida, pero especialmente en la agonía de la muerte.
Vuelve una palabra para mí a aquel amable Redentor, que de niño llevaste en tus brazos, a aquella Virgen gloriosa, de quien fuiste amante esposo.
Implora para mí aquellas bendiciones que tú veas sean beneficiosas para mi bien, para mi eterna salvación, y yo procuraré no ser indigno de tu especial patrocinio. Amén.


A SAN JOSÉ

San José, esposo dulcísimo de María, Padre putativo de Jesús y Padre de la Divina Providencia, custodio de la Santa Iglesia, a ti recurrimos para que nos llenes de tus virtudes: de tu fe, de tu humildad, de tu obediencia, de tu paciencia, de tu silencio adorante y de tu espíritu de abandono. Defiéndenos de todos los asaltos del maligno y provee nuestras necesidades espirituales y materiales para que podamos buscar únicamente el Reino de Dios y servir al triunfo del Corazón Inmaculado de María tu Santísima Esposa.
San José, ruega por nosotros.


AVE, JOSÉ

Dios te salve, José, lleno de gracia del Espíritu Santo, el Señor es contigo, bendito eres entre todos los hombres, como tu Esposa bendita entre las mujeres. Porque Jesús, fruto bendito del vientre virginal de Nuestra Señora la Virgen María, fue tenido por tu Hijo.
Ruega por nosotros, Virgen y Padre de Cristo, para que el que en esta vida quiso ser súbdito tuyo, por tus merecimientos nos sea propicio ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Ave José, hijo de David,
escogido por el Padre, custodio del Hijo.
tú eres bendito entre los hombres
y bendito es tu amado Jesús.
justo entre los justos,
esposo de María
ruega por nosotros pecadores
hora en la hora de nuestra muerte
Así sea.

Querido papá, tú sabes
Querido papá, tú puedes
Querido papá, tú ves
Querido papá, tú provees.



S. JOSÉ, ELEGIDO POR DIOS

San José, elegido por Dios para ser el esposo purísimo de María y el Padre putativo de Jesús, intercede por nosotros que nos volvemos a ti.
Tú que fuiste el fiel custodio de la Sagrada Familia, bendice y protege nuestra familia y todas las familias cristianas.
Tú que has experimentado en la vida la prueba, la fatiga, el cansancio, ayuda a todos los trabajadores y a todos los que sufren.
Tú que tuviste la gracia de morir entre los brazos de Jesús y María, asiste y conforta a todos los moribundos.
Tú que eres el Patrono de la Santa Iglesia, intercede por el Papa, los Obispos, y todos los fieles esparcidos por el mundo, especialmente por aquellos que son oprimidos y sufren persecuciones en nombre de Cristo.

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