Un año que acaba

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 Sumario

  1. Por el fin del año
  2. Clausura del año
POR EL FIN DEL AÑO
Hoy otro año acaba. Se dice que es un día como otro, que todos los años acaban y que el tiempo pasa, pero no hay duda de que un día como éste es un día en que en nuestro corazón tiene una resonancia especial.
Como si fuésemos tocados por un momento más profundo y más secreto, más eterno y más misterioso; de aquel género de cosas en las cuales no pensamos todos los dias, pero que cada tanto se pasan por alto y nos ponen ante los problemas que nos parecen más grande que nosotros.

En un día como hoy se piensa en el pasado, en el tiempo que pasa y que no vuelve, pero más aun se piensa en el futuro. Es siempre el futuro el que nos fascina: la vida que todavía no hemos vivido.
Pues bien, en la perspectiva de Jesús, que camina ante nosotros, ya resucitado, nosotros creyentes debemos hacer un pensamiento hacia el futuro, pero un pensamiento distinto del que todos hacen, un pensamiento nuevo, radicado en la fe que tenemos.

Todos, yo creo, pensamos en el futuro de alguna manera, nadie puede eliminar el hambre, y cada cual piensa en el futuro según cierta perspectiva. Podemos decir que una parte de los hombres piensa en el futuro sencillamente como en una incógnita, como en algo que se desconoce. Otra parte piensa en el futuro casi como en una amenaza, en algo en el que pueden venir muchos males, y que puede destruir mucho bien que se posee en el presente. Otros lo hacen con esperanza, una vaga esperanza indefinida, suficiente quizás para consolar el corazón y al mismo tiempo inaferrable e imponderable, pues quizás nunca se llegue a realizar.

Hay algo de verdad en todos estos pensamientos acerca del futuro, pero ciertamente el futuro de un cristiano no termina aquí. Es verdad que también para nosotros el futuro es una incógnita, de la que no sabemos nada: podemos preveer poquísimas cosas y también éstas con un bajo nivel de seguridad. No sabemos cuanto viviremos, ni lo que los acontecimientos nos depararán... Pues bien, no podemos ser gente que mira al futuro como si fuese sólo un misterio, sólo un secreto.
De la misma manera no podemos excluir que el futuro tenga algo de amenaza, o al menos, pueda esconcer en sí riesgos, peligros o cambios desfavorables en la vida: no seremos realistas si no admitimos esto. No podemos aceptar que el cristiano viva, sobretodo, bajo el impulso del miedo, más aun si nos hemos apegado con egoismo al presente, se teme sólo que el futuro le robe a cada cual sus ídolos.
Ni siquiera la vaga esperanza se adapta a un cristiano. Cierto que esperar es la cosa más hermosa de la vida, pero aquella vaga esperanza que no se apoya en el deseo del espíritu, es mera hipótesis o idea.

Para nosotros el futuro es algo mucho más constructivo: el futuro es un bien que se puede verdaderamente hacer. Jamás nos convenceremos lo suficiente que, aun siendo el futuro verdad, el futuro es incógnita, amenaza y esperanza humana, es aun más verdad que ciertamente podemos decir una cosa del futuro: el bien que haremos. Porque el bien es concreto, el bien se puede pensar, programar, realizar.
Con la ayuda de Dios nadie lo puede impedir. De muchas cosas, pues, nosotros no estamos seguros, pero del bien que queremos hacer podemos estar totalmente seguros. Inventar el bien es el gran trabajo de los cristianos. Hacer el bien que aun no existe, el que no hemos hecho aun, pero que podemos hacer todavía.

Al final del año no sólo no hay llanto, nostalgia, tristeza o los sentimientos negativos, sino la profundísima confianza de que el futuro existe todavía y que todo el bien aun no hecho podrá hacerse.
Es ésta certeza la que ilumina a los creyentes en jesucristo. Entonces los cristianos podemos decir que no sólo pensamos en el futuro, sino que pensamos en el futuro que pensamos hacer, para nosotros y para los demás: un futuro de bien, de verdad, de paz, de justicia, de amor, no a nivel de grandes palabras, sino a nivel de pequeños gestos, de cosas concretas hechas una a una, que dejan detrás de él un seguimiento de aquel bien nuevo que antes no existía y ha comenzado a ser. porque los cristianos lo han hecho.

Esta es una magnífica perspectiva de vida y de la perspectiva de Dios creador, que no cesa nunca de crear el bien y confía hoy el bien, que quiere crear, al trabajo de sus hijos; en primer lugar a nosotros que lo llamamos Padre. El 31 de Diciembre debe se, no un lamento, sino agradecimiento por el bien recibido y por todo lo que Dios nos ha dado, y proyecto que toma el impulso por este agradecimiento, por todo el bien que queremos hacer todavía: decimos claramente que queremos hacer mucho más, que queremos alcanzar la medida de Dios en el bien que haremos.

Es esta mirada profundamente clara, feliz del optimismo de Jesús, cargado de esperanza que nosotros poseemos en nuestros ojos, y que debemos dar para nosostros y para muchos otros, Miremos el futuro así, sonriamos a Dios que nos sale al encunetro, creamos en el bien que haremos, somos felices porque el futuro nos invita a hacer lo que aun no hemos hecho. es ésta la grandeza de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestro ser cristianos en el amor. Iniciemos, pues, así el año de mañana.

CLAUSURA DEL AÑO
Este encuentro con Jesús en la inminencia de la clausura del año quiere ser una pausa que nos tomamos para echar un vistazo a cunato estamos por dejarnos a la espaldo y, si es posible, extender un programa para el año nuevo.
En esto no huyamos de la costumbre, por otra parte muy buena,, de hacernos una propuesta, y Dios parece estar de acuerdo y nos ofrece la posibilidad de reunirnos a sus pies y hacer oír su voz.
Pero si también hoy, como casi siempre ha sido, nos encuentra replegados sobre nosotros mismos en lo que hemos o no hemos hecho, rindiéndonos, hasta la naúsea, de nuestras miserias, temo que tampoco está vez conseguirá hacer algo útil, y como consecuencia el buen programa que ya teníamos en la cabeza, o que haremos, correrá la misma suerte que los anteriores.

Sabemos que no es la cercanía al sol lo que beneficia a la tierra: sino exponerse a sus rayos, que le dan directamente, favorecen, antes de despertar, y desarrollan posteriormente la vida.
No es sentándome junto a mi miseria y a mi enfermedad, que yo puedo mejorar, también si esto lo hago en el nombre del Señor, favorece mi compunción.
La bondad de la intención no obra milagros o transformaciones: puede serme muy peligrosa más bien, si no está en una actitud fruto de un persistente contacto con Dios.
Es este contacto el que debo cuidar con todas mis fuerzas porque, a pesar de toda mi miserable historia de debilidades, siempre es verdad que en la mente de Dios continúa una idea para cada uno de nosotros a la cual debemos corresponder.

Estamos llamados a la imitación de Su Hijo, imitación, ciertamente, de modo limitado, en innumerables formas distintas pero que todas a la vez deben prolongar en la tierra la presencia del Señor.
Por esto viene a nosotros la Sagrada Comunión y hace de nosotros una única cosa Consigo mismo. Por esto Él se hace mío...
Estando así las cosas, ¿qué queremos todavía?
¿Porque querer aun un solo instante en pensar en nuestras deficiencias?
¿Porqué querer permanecer de morros en nuestra bajeza, cuando sobre nosotros está Él con el sincero esfuerzo de elevarme a Sí?
¿Porqué estar desalentados aunque nuestra vida haya sido una sucesión de miserias?
Él está cerca, quiere ser Mío y quiere que yo sea suyo.

Qué bien había entendido todo esto Pablo: "A gusto me gloriaré de mis enfermedades para que el poder de Cristo habite en mí. No me falta ningún carisma. El Señor tu Dios ha habitado contigo y nada te ha faltado".
Es verdad que un único encuentro eucarístico puede hacer un santo.
Pero si no somos santos, no tomes las culpas como si fuesen una barrera insuperable; Dios se rie de esto. La verdadera causa es la escasez de fe y ante esto Dios no puede sonreir.
Es el único obstáculo.
Estamos sinceramente apenados de haberLo ofendido y nuestro dolor crecerá a medida que descubramos el Amor que nos alimenta, pero nustra esperanza y nuestra confianza crecerán ambas cuando comprendamos que este Amor no quiere sino servirse de su infinito poder para reedificarnos en Él.
Es ésta la tarea que el me deja, el estudio que debo llevar adelante con toda diligencia.
Malas son las divagaciones, aunque algunas pudieran parecer justificadas.
Qué decía a San Josefa:
"Yo sólo tengo necesidad de que el corazón se abra y me digas que quieres ser bueno... yo haré el resto".
Demuestra así que a Él todo le es posible y que no hay nada que Él no quiera hacer, para modelarnos según los deseos de Su Corazón.
Está a nuestra entera disposición.
También Él ante el Padre se siente ocupado y quiere a toda costa llevar a buen término, se entiende, su misión sobrecada uno de nosotros.
Esto explica su casi devoción que Él tiene por nuestras necesidades y por nuestra felicidad, que no es cosa momentánea; ha durado treinta y tres años y todavía Él intercede por nosotros en el cielo.
En esta idea es menor toda descripción y el hecho parece increible. Sólo la gracia de Dios puede hacernos comprender que el amor que Dios tiene por nosotros en este Sacramento.
Y esta gracia sale a nuestro encuentro cada día en completo abandono.
Si se da a nosotros totalmente, poniéndose a nuestra disposición, para crear una completa unión con Él... ¿Sentimos hasta el fondo de nuestro ser, esta verdad?
Estemos atentos: estamos ante Él. No demos una respuesta, basta que sea...
Vamos a fondo...y, no tengamos miedo de decirnos francamente: "no he deseado esta unión...porque nunca he hecho un esfuerzo para vivir más cerca de Él, para sentir personalmente cuáles son los pálpitos por mí...y oír con mis oidos cuanto piensas de mí".

Y pensar que también en la más desesperada situación, yo puedo encontrar en Él todo, todo digo.
Los santos son la prueba más clara, cerca de Dios han sido iluminados por Él y a Êl han sido llevados en completa pobreza de espíritu.
No para suplir sus deficiencias, o completar su personalidad, sino para reemplazar su nada con la plenitud de Jesús.
Su vida pasada, buena o mala, sus pecados y sus méritos, no valen nada a sus ojos: encuentran toda su esperanza, todos sus deseos, todo su yo en Jesús.


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