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VALORES Y VENTAJAS DE LA DEVOCIÓN A SAN JOSÉ
Para entender cuán rica fuente de toda suerte de gracias es la devoción al glorioso Patriarca San José, bastarán las siguientes palabras de Santa Teresa:
«Yo no recuerdo hasta hoy --escribe la santa--, haber pedido una gracia a San José, que él no me haya concedido. ¡Qué hermoso cuadro pintaría yo frente a los ojos, para señalar las gracias con las que he sido llena de Dios y los peligros de alma y de cuerpo de que he sido librada mediante la intercesión de este gran Santo! A los otros Santos, Dios concede sólo la gracia de socorrernos en una u otra necesidad. Pero el glorioso San José, y yo lo sé por experiencia, despliega su poder frente a todo. Y lo han experimentado, igualmente, otras personas a las cuáles yo había aconsejado encomendarse a este incomparable Protector... Si yo tuviera autoridad de escribir, experimentaría un santo gusto en contar, particularmente, las gracias de tantas personas como yo, son deudoras de este gran Santo. Me contento con animar, por amor a Dios, a aquellos que tal vez no me crean, a hacer la prueba y verán cuánta ventaja viene por encomendarse a este glorioso Patriarca y honrarlo con especial culto».
Las palabras de esta Santa moven a cualquiera a hacerse devoto de este poderoso y tierno protector.
Un ilustre escritor de ascética cristiana ha resumido así las ventajas que se obtienen de la devoción a San José:
1° Quien sea su verdadero devoto tendrá el regalo de la castidad.
2° Tendrá auxilios espirituales para salir del pecado.
3° Tendrá particular devoción a María Santísima.
4° Tendrá una buena muerte y será defendido en las horas extremas.
5° No será vencido de los demonios que temerán su nombre.
6° Obtendrá especiales gracias tanto para la alma como para el cuerpo.
7° Tendrá la plena confianza de conseguir la gracia de la perseverancia final.
Por último un testimonio autorizado del Pontífice Pío IX, después haber recomendado tantas veces a todos la devoción a San José, hablaba casi proféticamente de las ventajas de esta devoción: «No es en vano que Dios infunde en la iglesia con mayor abundancia que nunca, el espíritu de oración. Se reza mucho más y se reza mejor. Las columnas de la naciente Iglesia, María y José, ocupen de nuevo el puesto que nunca se ha debido perder en los corazones y el mundo será salvo».
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