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QUINTO MANDAMIENTO
De entre los dones que el Señor nos ha regalado, la vida es el más precioso: Nos lo ha confiado como capital a invertir para obtener frutos de vida eterna (Mt 25, 14-30). La vida posee un valor inmenso: sólo la tiene el ser humano. No se le ha concedido a los ángeles porque no tienen cuerpo. A través del tiempo tenemos la oportunidad de ganarnos la eternidad de la gloria.
La radicalidad de este mandamiento está íntimamante ligado con la unión y relacionado con el amor y la relación entre la humanidad y Dios: entre cada persona y el Señor- que habita en cada prójimo- hasta desvelar, en Jesús, la profunda realidad de Dios mismo, eterna comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Desde el Antiguo Testamento se prohibe la venganza: responder al mal con mal "No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo" (Dt 19,18) sino que "restablecerás el derecho roto y restaurarás la justicia", que es un deber. Desde entonces, la vida eestá protegida contra las fanáticas leyes del ojo por ojo, que destruyen familias, clanes y la existencia del Pueblo de Dios. Y los profetas, en sus predicaciones, prolongarán con sentido positivo, la prohibición de matar afirmando que es obligatorio contribuir positivamente a defender la vida del prójimo.
Jesús quiere arrancar de raíz el asesinato "Habéis oído que se dijo a los antepasados, No matarás: y quién mate será sometido a juicio, pero Yo os digo: quién se enfade con el hermano será sometido a juicio. Quién llame estúpido al hermano, será sometido a Sanedrín. Quién le llame loco, será condenado al fuego de la Gehenna" (Mt 5, 21-22). Con esta afirmación Jesús, convierte en ilimitado al mandamiento de No matarás, y afecta a todos los hombres. La ira equivale al homicio porque su presencia puede molestar, desear su desaparición y convertirse, incluso, en deseos de muerte.
Arranquémos de raíz todo cuanto represente ira, odio o deseo de venganza: porque pueden llegar al asesinato. Pero no sólo se puede matar al cuerpo: la maledicencia puede arruinar la mala fama de alguién. También se puede matar con la calumnia, con el odio, la ira, la mofa, el desprecio, la soberbia y la traición: Todo cuánto pueda herir los sentimientos ajenos: todo cuánto se oponga a la perfección del amor.
La vida humana es sagrada porque nos es dada por Dios, porque es el regalo más grande y porque es una falta de amor contra el Señor, atentar contra ella. No matar no sólo es un gesto activo contra la vida, sino que lo es todo lo que afecta a la vida misma, cuánto agrde a la integridad a la persona y la ofenda en su dignidad personal.
El mandamiento No matarás, no sólo está escrito en las tablas de Moisés, también lo está en el corazón de los hombres; y es tremendamente sorprendente, porque la historia humana está escrita a base de asesinatos físicos, morales y espirituales. Así, hemos roto la relación con Dios, hemos rechazado Su paternidad y llenado nuestro corazón de violencia. Dios nos dice, a través de Caín: "el pecado llama a tu puerta, su instinto va hacia tí: domínalo (Gén 4,7).
Dios nos pedirá cuentas de la vida ajena "De vuestra sangre, de vuestra vida, os pediré cuentas: rendiréis cuentas de todo ser viviente y responderéis de la vida del hombre: cada uno de su hermano (Gén 9,5).
La verdadera acogida del quinto mandamiento requiere un gran esfuerzo a favor de la vida y contra todo género de violencia, de injusticia, de marginación, de sufrimiento; de cualquier tipo de asesinato: "Habéis oído que se dijo a los antepasados, No matarás, porque quién mate será sometido a juicio. Pero Yo os digo: Quién se enfade con su hermano será sometido a juicio" (Mt 5,21-22).
La vida es el primer bien- condición de los demás bienes- y es evidente porque atentar contra ella es inhumano e irracional. La misma conciencia expresa horror ante el suicido.
Éste es una grave lesión de la caridad hacia uno mismo porque en cada cual prima la más radical y profunda tendencia a cuidarse. Es grave, porque atenta contra la vida, porque desespera de la ayuda del Padre: no tiene fe en que Dios puede acudir a su llamada. Problemas y dificultades oprimen y envuelven empujando a la angustia: sólo la confianza en Dios traspasa el límite de las tinieblas del presente. Porque la esperanza, si no brota de la confianza en Dios, está condenada al insoportable miedo que desemboca en el abismo de la nada.
La eutanasia es un homicio disfrazado de piedad, que se justifica ante el sufrimiento del moribundo. Todo tiene razón para el Creador, porque Él no nos abandona. Es derecho de Dios decidir para nuestro bien. El sufrimiento en sí no tiene sentido, pero si se canaliza correctamente, nos eleva a la más altas metas.
Existe también el asesinato del espíritu que se da cuando en un alma se extingue la gracia de Dios "Pero al que haya blasfemado contra el Espíritu Santo no tendrá remisión: será reo de pecado eterno" (Mt 3, 29). "Si alguno vé cometer un pecado al hermano que no conduce a la muerte, ruegue a Dios por él. Pero si le conduce a la muerte, os digo: no recéis (1 Jn 5,16).
No hay religión ni razón que justifique la vida de una persona, y menos el deporte, el lucro, la fama... De lo demás, la conciencia responderá.
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