Apariciones

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Marianas

Las numerosas apariciones de María Santísima que se manifestaron en el transcurso de los siglos se conectan a aquellas ya conocidas por los cristianos por medio del Nuevo y Antiguo Testamento y nos son transmitidas como un hecho en la historia de la Iglesia.

Apariciones Marianas

María Santísima con Su acción de mediadora, aclaradora y anunciadora, en el transcurso de los siglos acompaña la historia misma de la humanidad.

En el curso del siglo I cristiano la presencia de la Virgen sobre la Tierra fue interpretada como un intervento divino protector y por lo tanto conectado estrechamente a la oración y a la gracia. Una característica típica de los mensajes marianos del cristianismo de la antiguedad fue la expansión de la fe.

La Virgen en Guadalupe ensena a Juan Diego el error de la fe de los aztecas en la diosa de la serpiente Tonentzin y en el potente Quetzalcoatl, ilustrándole el significado de su verdadera salvadora. Los Aztecas terminaron por acoger en masa este mensaje de María con los resultados de una evangelizacion muy positiva para el país entero.

Las apariciones marianas han continuado a manifestarse desde la antiguedad hasta nuestros días, mientras el contenido de los mensajes han adquirido formas siempre mas apocalípticos "ves La Salette", donde las catástrofes son predictas y explicadas por María como necesidad y consecuencia de nuestros pecados. Estas catástrofes predictas con tanta anticipacion eran evitables con obediencia por parte de los hombres de Dios, con el empeño en la oración, con sacrificio y penitencia. Solo así seria posible detener la mano de Dios.

Todavía, no obstante los apelos de la Madre Celestial, las sociedades, terminada la segunda guerra mundial, han basado en el progreso y en la opulencia las ideologías materialistas cancelando en el hombre el deseo de buscar a Dio, la necesidad de rezar, observar los mandamientos de Dios como acto de amor.

En ocasión de la celebración del centenario de la aparición de "La Salette" el Obispo de Grenoble así se expreso: "Existe un medio potente para asegurar nuestro bien, es la Santa Virgen! Ella espera que nosotros le recemos para que nos de su ayuda. Ella nos exhorta a hacerlo. Pero nosotros no hemos dado suficiente valor a su ayuda, por lo que Ella no se cansa de amonestarnos: en 1930 hizo imprimir su medalla; en 1846 llora a La Salette y nos advierte del demonio que serpentea entre su clero; así en los grandes milagros de Lourdes, Pontmain, Fatima etc, en donde sea la Santa Virgen María, Madre de Dios difunde su alarma.

Sus apariciones se atan una a la otra como una cadena de amor puro para advertirnos de los peligros que incumben al mundo y están en el mundo. Pero esta relación existente en todas las apariciones, este discurso único de la Virgen, no es visto por la ceguera humana. La tendencia es aquella de volver absoluto cada mensaje en singular perdiendo de vista la globalizacion de un discurso único. Pero bastaría notar las continuas advertencias y consejos de la Madre de Dios: "Expíen! Conviertanse! Recen Mucho!"».

En Fatima la Santa Virgen llama las conciencias de los cristianos a un despertar inmediato a la fe y a la tradición eclesiástica. Y sobre todo un apelo urgente a la oración, a recitar un Rosario meditandolo, a practicar la comunión reparadora. Nos exhorta en modo incansable e impresionante a la penitencia y a la conversión.

Los peregrinos en los grandes lugares de culto dan testimonio de la grande fe de las masas. Y el motivo que impulsa estos ríos de fieles es la búsqueda de lo humano por el sacro, de hecho, en estos lugares donde aparece María, se percibe la gracia divina.

Como el apóstol Tomas, también para nosotros el "ver" puede ser una vía de acceso al "creer". El Evangelio de Marco se concluye dando testimonio de que la predicación de los apóstoles no era un simple cuento, sino que estaba acompañado de milagros, para que sus palabras fueran confirmadas por estas señales: "Entonces ellos partieron y anunciaron el evangelio por todos lados, mientras que el Señor reaccionaba junto con ellos y confirmaba la palabra con señales que la acompañaban".
(Mc 16,20).

Muchos Padres de la Iglesia, desde San Agustín a San Anastasio, han insistido en esta permanencia de los signos visibles que acompañan la predicación y que no son menos de la palabra. Una concesión a la debilidad humana, pero intrínsecos en la realidad misma de la encarnación. «In minibus nostris codices, in oculis facta», dice San Agustín: "En nuestras manos los códices de los Evangelios, en nuestros ojos los hechos.

Formar parte del sentir y el ver de los videntes para acceder directamente a la realidad viva de la Santísima Virgen María, significa percibir y experimentar en nuestro intimo este encuentro con lo sobrenatural que apareció, aparece o aparecerá y y puede alzar un borde en el cielo y abrirnos el camino del "creer".

Gracias, Oh Mama porque continuas a renovar para nosotros la invitación a la conversión y el retorno a Dios y nos educas con materna solicitud en un camino de fe y de oración.

Una invitación especial

Si usted quiere lograr esta alegría y adquirir las virtudes, escuchar la invitación de Jesús: "Todo lo que pidáis en la oración, recibiréis" (Mt 18:20). De hecho, sin oración, ningún camino espiritual es posible, ni se puede seguir las huellas de Jesús, nuestro Salvador.

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