Alma

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Lamento

Por San Giacomo de Milán - "El aguijón del amor".

Escucha a la carne lamentarse contra el espíritu elevado por medio de la contemplación, incluso contra Cristo que eleva al alma.

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El lamento de la carne

Dice la carne: Me lamento contigo, Oh Señor, Padre justo y lleno de misericordia, estimado por tu Hijo, para que tu justicia considere la violencia que se me ha hecho y tu misericordia se incline ante mi miseria. Tu Hijo lleno de sabiduría me ha rodeado con su sabiduría y me ha hecho violencia con su fuerza. Tu Hijo escondió su sabiduría en una carne similar a la mía y se insinuó perspicazmente en mí con grandísima humildad e inenarrable bondad. Fue el más humilde, el más despreciado, puso sobre sí todas las miserias y llevó todas las debilidades. Quiso ser crucuficado del modo más cruel por amor a todos. Quiso ser amargamente afligido por la compasión y el sufrimiento. Quiso manifestar el amor de su corazón con la herida del costado, de la que hizo, como medicina, sus sacramentos. ¿Porqué vivir? Dio la carne como alimento, su sangre como bebida y se prometió a sí mismo como recompensa, llamando "madre y hermanos" (Mt 12,50), a los que hacen su voluntad. Al final prometió ceñirse los vestidos y servir a los comensales de su banquete, no sólo en el peregrinaje terrenal, sino en la patria santa.

Con todas estas cosas y con otras que no sé contar, alegró grandemente al alma que me ha sido dada. No se limitó a agarrarla, sino que entrando en la intimidad la arrastró a sí con su fuerza, hasta el punto de unirla a sí con sus caricias descuidándola de mí conduciéndola, por el contrario, a despreciarme,bajarme, golpearme y reducirme a nada. El alma ama a quien causa las cosas más ásperas, dedicándole especiales plegarias y desea amarguras cuando nadie me las inflinje. Estoy mortificado y no me importa, estoy sumergido en el fango y exhulto, ¿Porqué añade dolor al dolor anhelando que yo sufra intensamente?. Encuentra su gloria en poderme causar ofensa, insulto y cuanto más áspero se puede imaginar. Me la deja afligida y desolada, mientras quiere continuamente, con tu Hijo, alimentarse de su carne y embriagarse de su sangre. En todas partes estás, quiero en todo caso vivir con Él. Ahora se presenta pequeña con Él en el Copón, luego estrecha a Él entre los brazos de la Virgen, llevado en el seno de María, succionando su leche. Con Él tiene sed, con Él tiene hambre, con Él está cubierto de esputos, con Él está herida, con Él crucificada, con Él se alegra en los cielos. Va con Él a todas partes, no desea nada sin Él. No puede dediccarse a nada sin Él. ¿Qué te dirá, Dios Padre, de tu Hijo que tiene así de ebria el alma que me has dado, haciéndola mi acérrima enemiga?.

Si has cometido un error mándale restituirlo. No me parece poca cosa restituir por la única alma. ¿Porqué el alma que se me ha dado en suerte ama sólo a tu Hijo?. ¿porqué me odia así?, ¿Porqué abandona todo lo demás?. Absorta en el amor de tu Hijo avanza fuera de los sentidos; en efecto, no vé nada más, nada oye, nada gusta, nada huele. Quiere estar siempre entre sus brazos, donde encuentra alegría, se goza, abunda en delicias, descansa embriagada de indecible dulzura. No hay que sorprenderse de que mi alma acceda a tu Hijo, pues después de todo lo que Él ha hecho por ella, ¿no debería hacer lo mismo si no es dura como piedra e insensible como el hielo?. De otro modo se revelaría tonta. ¿Dónde está la piedra tan dura que tal fervor no rompería, sino que se derretiría como la cera, como he dicho antes?. Por eso contigo, Padre bueno, no me lamento del alma, puesto que hizo lo que debía, sino de tu Hijo que la atrajo con inmensos dones y ha dejado en mí tan gran miseria.

Escucha atentamente lo que el clementísimi Padre del alma responde: Puesto que eres mi criatura, te concederá justicia unida a la misericordia. En verdad, aunque sierva del alma, quisiste siempre dominar y te moviste siempre desordenadamente. La indujiste a servirte y no me la inclina a todo mal y, lo que es peor, la sometiste, hecha a mi imagen, a la esclavitud del diablo haciéndola similar, incluso peor que las bestias. La presentaste repugnante y abominable, oscureciéndola más que todas las nieblas, hasta tal punto que no consiguió reconocer a mi noble criatura. Puesto que amaba demasiado la carne, ¿fue necesario que mi Hijo se encarnase para atraerla a nuestro amor? Adheriendose a tí, carne, el alma que me pertenece está muerta y para darle vidaa mi Hijo encarnado quiso morir por amor a ella. En mi Hijo no hubo ninguna clase de engaño, sino sólo nuestra indecible benevolencia. Tú, carne, desde el principio no actuaste quizás mal, mientras mi Hijo se encendió de gran amor por ella y se ofrece totalmente efectuando la perfecta justicia para liberarla total y completamente por lo que la odias más que al estiércol y deseas ser despreciada por todos. Puesto que no imploraste sólo justicia sino también misericordia, quiero que alguna vez en la vida presente seas inundado de la dulzura que el alma experimenta en mi Hijo. De todos modos, en el futuro te daré una dote noble y perfectísima. Si allá abajo obedeces fielmente al alma en todo, te liberaré, no sólo de la pena eterna, sino también del purgatorio. Yo vivo para siempre por los siglos de los siglos.

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