Alma

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El avaro

Devorado por la codicia y por el ansia de poseer cada vez más, el avaro acumula tesoros efímeros y olvida que el único bien que puede colmar el corazón humano es Dios mismo. Quien adora al dinero tiene el corazón marchito por el egoismo y el materialismo.

La avaricia

La avaricia es sinónimo de tacañería, avidez y codicia. Es un vicio tan importante que sostiene en la primacía a la soberbia o la apoya. No hay ninguna clase de pecado que no provenga de la soberbia y que no descienda de la codicia.

El avaro está dominado por el dinero que lo esclaviza y lo lleva a utilizar cualquier medio para colmar la propia avidez. Por la avaricia nacen traiciones, engaños, perjurios,inquietudes, violencia y dureza de corazón: por eso, es la raíz de muchos males.

La avaricia y la codicia están en el origen de la tristeza, agresividad, envidia, celos, cólera, odio y estados depresivos. La búsqueda obsesiva de bienes materiales causa un profundo trauma al alma. El poseer dinero o bienes materiales no es un mal: lo es, sin embargo, la relación afectiva que se establece con ellos, como la codicia insana utilizada para apropiarse de tales bienes.

El tacaño nunca está saciado ni satisfecho de lo que tiene, envidia continuamente a los demás, sobre todo a quien posee más que él, desprecia a los pobres y a los necesitados, negándoles la limosna. Vive con el miedo obsesivo de perder dinero, y si pierde una pequeña suma, tiene la impresión de que se le derrumba el mundo.

Pero, ¿cómo puede llevar una vida serena el que vive continuamente en la inquietud por el precio de las acciones, por el aumento del salario, por la herencia que le espera, por las inversiones que realiza o por la astucia de pagar menos impuestos?. Reflexionemos las palabras de Jesús: "Haceos con un tesoro inagotable en los cielos, porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón". (Lc 12,14).

¿Creéis de verdad que el avaro o el ávido acumulan bienes sobre bienes en previsión de la vida eterna? ¿cómo pueden pensar en la salvación eterna los que aman a sus riquezas más que a Dios, o que priva a un pobre de una ayuda?. El avaro hace de su riqueza su dios. "Vuestros vestidos han sido devorados por la polilla, vuestro oro y vuestra plata se han corrompido por la herrumbre. Vuestra herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como el fuego" (Sant 5,3).

"El ojo del avaro no se sacia con su parte, la insana codicia marchita su alma". (Sir 4,9). "Mortificad la parte de vosotros que pertenece a la tierra: morificaciones, impureza, pasiones, malos deseos y la avaricia insaciable que es idolatría" (Col 3,5).

Guiado por la ambición, por la avidez y la codicia del dinero, el avaro no quiere reconocer que sus bienes pertenecen a Dios, y qiue le han sido confiados como medio y no como fin. La avaricia es como una fiebre maligna, que es más fuerte, ardiente, que hace insensibles: el fuego de la avaricia consume y devora al avaro sin quemarlo nunca.

La terapia para curar la avaricia y la codicia consiste en practicar la virtud contraria: la sobriedad y la generosidad, que es lo opuesto al odio, al desprecio, la envidia, la cólera, la tristeza y la indiferencia.
Ser generosos quiere decir actuar para superar los miedos egoistas y los propios intereses, para usar con sabidurua los bienes confiados por Dios, sin seguir acumulando más que lo necesario.

Si eres avaro piensa en la locura de este pecado, que te hace esclavo de la ansia del dinero; piensa que en el momento de la muerte deberás dejarlo todo aquí. Estás todavía a tiempo de erradicar esta mala hierba. Comienza por abrir el corazón a la caridad, el secreto para enriquecerte en poco tiempo está en la moderación de los deseos, en la renuncia a los bienes superfluos, en el deprendimiento interior, para que el corazón se abra al cielo y sea impenetrable a riquezas y bienes pasajeros.

Seducidos por la cultura de lo efímero que nos enreda y sacude de una experiencia a otra, no podemos errar. Es necesario, en este punto, prestar atención a los valores. Pero, ¿cual es el valor supremo sobre todos los demás valores?. Es la primacía del amor. Y es el Evangelio el especialista del amor, el lugar donde el amor habla de sí mismo: es el Evangelio el que nos revela "tú debes amar" y en recuperar el lenguaje del amor está en juego la posiblidad, para el hombre, de ser verdaderamente hombre.

El amor es una realidad que es siempre como el sol: tambien tú debes resplandecer, arder e iluminar. El lenguaje del amor es misterioso e inefable, pero elocuente. Siempre nuevo y siempre el mismo, como la respiración de la vida, como el latido del corazón. Es, en los actos de miesericordia, en el que el idioma del amor se expresa, en la realidad de su libre darse. Es este inefable misterio de amor el que nos empuja a la reconciliación fraterna, y dice, al mismo tiempo, lo que es necesario: la escucha de un idioma que no es de este mundo, porque es el lenguaje de Dios mismo. El amor es un don que se alimenta de darse a sí mismo. Si vive aprisionado en su egoismo, el amor muere.

Si estás cansado de estar oprimido por la avaricia, vuelve al interior de tu conciencia e interrógala para saber cuales son las raíces profundas que han sembrado en tí la codicia por el dinero. Para arrancar esta mala hierba debe desarrollarse en tí la semilla de la caridad. Haz tu elección de amor y este fuego te conducirá hacia lo alto, te elevará al cielo. Recuerda que sin el amor de Dios, lo demás no sirve para nada.

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